Las mujeres hoy por hoy siempre viven dentro de un bullicio de actividades dentro de las labores que no le permiten siquiera darse cinco minutos al día de cariño, más aún si se trata de vivir en pareja habiendo un chiquillo todo se vuelve más estresante, ¡provoca más de mil veces salir corriendo! Y romper la puerta al salir, pero dejaría de ser una mujer infringiendo el primer mandamiento de todas nosotras.
No
poder escapar crea un poco de frustración, bueno en realidad no un poco,
¡Muchísimo!, hablamos de que todos los días es igual, se vuelve monótono y mis oídos
se ensordecen ante alguna posibilidad de sonreír, mi pareja debiera de ser más
consciente pero a veces ni se da cuenta cuales son las prioridades del hogar.
He
lanzado mil y un luces de bengala a ver si el cariño que pueda propiciar puede
volver a levantar la pasión por la que nos desbocábamos hace un tiempo ya,
revivir cada instante cuesta siempre porque son miles de ocupaciones que se nos
vienen encima, no es culpa de él solamente es culpa de los dos. Cayendo en
cuenta de toda esta sucesión de eventos encuentro cada vez más claro que hace
falta un momento de relax.
Las
historias que se viven en la orilla de la playa son las que se desean más
cuando se busca un poco de oxígeno para respirar, aire fresco, sol candente, y
unas ganas de explotar sensaciones y emociones por doquier con aquel con quien
siempre he estado y con quien quiero pasar el resto de mis días. A veces es
solo eso un poco de relax lo que hace falta, y esos momenticos de felicidad que
son POCOS, pero memorables.
Sin más
que decir espero que te haya gustado este relato y si te sientes un poco
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